3 de enero de 2011

Yo, Asperger

Este artículo, escrito originalmente en junio del 2010, fue revisado y publicado en la sección "Página Quince" del diario La Nación de hoy (ver publicación)


Hasta hace pocas semanas, solía pensar que yo era meramente introvertido. Pero ahora parece que soy algo que suena mucho más elegante: Asperger.

Todo comenzó cuando un compañero de trabajo me hizo una extraña pregunta: "¿Te cuesta sonreír para una fotografía?". Contesté: "Mucho, siempre salgo haciendo cara rara". Para mi sorpresa, me dijo "Sos Asperger". Aunque me considero razonablemente educado, nunca había oído la palabra y no le presté mucha atención. Pero después fue mi cuñada la que inquirió: "Cuando alguien te dice algo de doble sentido, ¿lo entendés rápido?" Respondí: "Jamás, siempre me va 'cayendo el cuatro' hasta al rato". Me dijo "Sos Asperger".

No tenía idea de qué me hablaban y me resistí un tiempo a investigarlo (sospechando que eso era exactamente lo que esperaban que hiciera un Asperger), pero finalmente pudo más la curiosidad. En la Wikipedia leí, consternado, que el síndrome de Asperger (SA) es "un trastorno neuromental que forma parte del espectro de trastornos autísticos". La cosa no pintaba nada bien. Líneas más abajo, decía que las personas con SA "no son empáticas; se puede decir que tienen una especie de 'ceguera emocional'". Y, dicho y hecho: "Es frecuente que las sonrisas 'voluntarias' en las fotografías familiares sean una colección de muecas sin gracia. (...) Las personas con SA en general son incapaces de 'leer entre líneas', es decir, se les escapan las implicaciones ocultas en lo que una persona les dice de forma directa".

Para mi tranquilidad -creo- el artículo seguía diciendo que el SA es un trastorno de severidad variable y "algunos pacientes se aproximan a un nivel de normalidad en sus habilidades de comprensión e interpretación de las señales no verbales". Acto seguido venía una larga lista de síntomas, algunos no muy halagüeños, otros no tan malos. Unos no se me aplicaban -creo- pero otros eran casi como si hubieran hecho un retrato hablado mío.

Por ejemplo, una persona con SA tiende a concentrarse intensa y compulsivamente en temas específicos, lo cual explicaría las periódicas obsesiones que han marcado la mayor parte de mi vida. Vamos, que a un niño de 10 años le guste tener un acuario con unos cuantos peces no es nada extraordinario; pero tener alrededor de una docena de peceras -muchas de ellas hechas por mi mismo- en las que las especies estaban clasificadas científicamente según su hábitat nativo (información que obtenía de todos los libros que era capaz de conseguir sobre el tema), más toda una parafernalia de filtros, instrumentos para medir temperatura y composición del agua, etc., etc., debo admitir que quizás haya sido un poquito obsesivo. Y ni hablar de mis fijaciones sucesivas, años después, con las artes marciales, el misticismo oriental, la película "El Exorcista", el pensamiento socialista, el rock progresivo, la tecnología y la serie "Lost". Encima, las personas con SA son atraídas por las cosas ordenadas y eso seguramente explica tanto mi delirante interés por la metodología GTD de organización personal, como mi desconsuelo cuando siento que no estoy haciendo algo del modo más eficiente.

Así pues, no es de sorprender que las características del Asperger puedan traer muchas complicaciones en la vida, especialmente en la niñez y temprana juventud. Una de ellas, la de ser bastante inútil para los deportes, no es precisamente cosa que ayude a la popularidad en esas etapas. No es inusual que una maestra no preparada en el tema tienda a considerar a un niño con SA como arrogante, insubordinado o simplemente "raro". Para complicar más las cosas, el síndrome se presenta con diferentes niveles, dando lugar a que el niño exhiba más o menos síntomas que dificultan la detección. Muchos terminan siendo víctimas de acoso, matonismo o discriminación.

Y esa es justamente la razón por la que me decidí a escribir estas breves líneas sobre el tema, porque me parece importante que la sociedad sepa más de él. De ese modo, la vida quizás llegue a ser un poco menos complicada para muchos, de lo que a ratos ha sido para mí. Y que no les pase como cuando le conté a una amiga del asunto: con una gran sonrisa, simplemente me dijo "Eso lo explica todo", pero a estas horas no he logrado entender qué quiso decir...

9 comentarios:

marcelo dijo...

Hay un libro muy interesante que se llama "my life with asperger's" que tiene muchos pasajes tipo "a-ha, esto también me pasa a mí". La parte más importante para comprender es que esto no es una enfermedad, que la psicología y la neurología están recién entendiendo su dinámica, y que esta condición tiene un efecto sobre las personas con las que convivimos.

Christian Hess Araya dijo...

Marcelo, la referencia que encontré en Amazon.com es del autor John Elder Robinson y se llama "Look Me in the Eye: My Life with Asperger's". Supongo que el título alude a que la gente con Asperger suele (¡solemos!) experimentar gran incomodidad al sostener la mirada de otras personas.

walter dijo...

Christian lo felicito por su artículo, empeze a conocer del Asperger cuando se lo diagnosticaron a mi hija de 4 años; lo cual me permitió descubrir y entender que yo tambien soy Asperger.

Christian Hess Araya dijo...

Walter, gracias por el comentario, espero que sea de utilidad para otros "colegas". :-)

ldcastro2 dijo...

Christian, muy interesante, revelador y honesto tu artículo en La Nación de hoy. Si no lo has leído aún vale la pena leer "Born on a Blue Day" de Daniel Tammet. Es un caso extremo de Asperger, pero lo realmente interesante es que es la primera vez que una persona que lo sufre con ese grado de severidad desarrolla la capacidad de comunicarse bien con su entorno, permitiéndonos entender mejor lo que experimenta alguien en su situación. El sitio web y blog de Daniel Tammet es:http://www.optimnem.co.uk/index.php

Christian Hess Araya dijo...

ldcastro2: Excelente, gracias por la referencia. En la página de comentarios hay otra recomendación también que me hizo "marcelo" hace unos meses.

Federico Bermúdez dijo...

Saludos Christian,
El conjunto de síntomas no necesariamente define un trastorno mientras no sea clínicamente significativo, osea que cause malestar, rompa con las convenciones socioculturales o legales o represente riesgo para el sujeto o terceros. Muchas personas que padecen condiciones nunca son diagnosticados y muchos son etiquetados sin padecer ninguna condición. La etiqueta en todo caso es irrelevante con respecto al nivel de bienestar y adaptación que el sujeto logre. Además, los diagnósticos sirven popularmente para poco más que para justificar una serie de abusos hacia y departe de los etiquetados. Además, se ha popularizado mucho el diagnóstico "cosmopolitan" o de test de revista que de manera ligera e irresponsable brinda herramientas a medias para identificar sin razón ni seguimiento un supuesto padecimiento. Lamento señalar que en nuestro país existe un cultura de rechazo a las ciencias de la salud mental y por lo tanto, muchos diagnósticos son acuñados por maestras, pastores, sacerdotes, comunicadores y hasta peluqueros, en lugar de psicólogos y psiquiatras que son los únicos potestados por ley para hacerlo.

Christian Hess Araya dijo...

Federico, el comentario es oportuno y valioso. ¡Gracias!

Las Dos dijo...

Don Christian,

Gracias por el articulo, muy interesante y oportuno.

En mi familia estamos pasando por una etapa interesante ya que descubrimos el Asperger y de repente muchas dudas se aclaran.

Mi padre y yo queremos ponernos en contacto con usted si fuera posible. mi correo es maucal32@hotmail.com, le agradezco montones, saludos, MAURICIO